viernes, 27 de septiembre de 2013

Carreteras: Cuando una solución es insufrible para el usuario

 A veces, a algún técnico con responsabilidades ejecutivas sobre una carretera se le ocurre, o le proponen y aprueba, algún “invento” para solucionar un problema y lo aplica directamente, a escala real y en tramos de longitud considerable. Esa actitud, la de buscar nuevas soluciones, en principio, es muy loable y permite avanzar en la mejora de las prácticas y remedios. No obstante, el éxito nunca está garantizado en una innovación, por lo que un elemental requisito de prudencia indicaría la conveniencia de hacer, previamente, un tramo reducido antes de, y siempre a la vista de los resultados,  extenderlo al resto de la carretera con problemas. Y si el resultado no es adecuado, o malo, lo adecuado es remover el invento de ese tramo experimental previo, en especial si resulta molesto o peligroso para el confort, salud y seguridad del usuario.

Esto viene a cuento de la situación que llevan sufriendo muchos años, los usuarios de la A-52, y sus vehículos, en el tramo entre la subida al Padornelo y el túnel de la Canda.

Resulta absolutamente insufrible circular por ese tramo de autovía cuyo pavimento, ademas de deterioros varios por falta de conservación, está plagado de zanjas transversales abiertas (si he dicho bien, zanjas!) a intervalos regulares, de una  quincena de metros, que someten al vehículo a acusados golpeteos y retemblores y a los pasajeros a un stress sonoro y de vibraciones insoportable.
Son tan exageradas que se aprecian perfectamente en Goggle Maps, como vemos
Calzada izquierda de la A.52 a la salida del túnel de La Canda, con las zanjas drenantes bien visibles. Paradoja: a la derecha la antigua N.525, con un firme recientemente renovado!mientras que el de la autovía languidece.  
Está claro que tramos rectos largos con pendiente acusada (6%) presentan un problema en la evacuación transversal del agua de lluvia, al incrementar algo más de tres veces su recorrido por la calzada, lo que aumenta el espesor de lámina de agua y el peligro de aquaplaning.

Pero no es de recibo solventar el problema plantando en la carretera unas macroranuras de unos 8-10 cms de ancho, con una profundidad de 5 o 6 cms (todo el espesor de la capa de rodadura), para facilitar la evacuación del agua de lluvia. Por eso las llamo “zanjas”, por el efecto que producen en el vehículo.
               Disposición de las ranuras de drenaje
Y tampoco es de recibo que pasen los años y, a este paso, las décadas (creo que ya hemos superado una), y, a la vista de los hechos, parece como que nadie reflexione y piense en otra alternativa que combine seguridad y confort, de un modo más adecuado y menos agresivo para los usuarios. ¿Es qué se ha buscado y no han encontrado otra solución mejor?. Me niego a creerlo

Ni siquiera en el estado que la dejadez, en cuanto a conservación de los pavimentos, está llevando a las carreteras españolas, resulta admisible este mantenella e no enmendalla.
Primer plano donde se aprecian las exageradas dimensiones del "ranurado"



2 comentarios:

  1. Muy interesante J.Luis. Pienso que deberían de utilizar un asfalto poroso combinado con un buen encaje de las pendientes transversales de la calzada. Podría ser una solución que quizá por alguna razón ya fue descartada por el técnico responsable.

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  2. Gracias Imanol.
    Efectivamente, creo que las soluciones, para mantener el confort, irían por ahí, disponiendo una mezcla porosa de relleno, para mantener la continuidad de rodadura. O combinando dos tipos de PA, como una twin-layer, una capa inferior con gran cantidad de huecos y espesor, para absorber caudal y otra convencional para la rodadura.
    Hace años en RUTAS se publicó una solución para aplicar bajo pavimentos drenantes con mucha pendiente o en acuerdos verticales, disponiendo perfiles en la capa intermedia, con gran capacidad de desagüe. Precisaban un apoyo y fijación perfecta al soporte.
    http://www.atc-piarc.com/rutas_digital_articulos_detalle.php?IDA=369

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