jueves, 20 de junio de 2013

F1 2013 ¿una competición de gestores?

Tras lo visto en las primeras carreras, con Kimi diciendo que había sido la victoria más fácil de su vida, limitándose a llevar el coche a un ritmo conservador (tanto que al final se marcó una VR para desperezarse y rebajó el tiempo en ... unos dos segundos!), oír a Button preguntar si podía subir ritmo para adelantar a un rival, y más casos similares, ya me pareció que esto no era la F1 que siempre había conocido, que se suponía que era una competición de velocidad pura en circuito, con el piloto sacando el máximo al coche (sobre todo ahora que, con tanto ojo electrónico vigilando, no hay errores de cambio, ni peligro de sobrerrégimen en el motor, que antaño te costaban abandonar).

Estos Pirelli (¿Mierdelli?) no son dignos de la F1

Y eso con independencia de que se parasen cuatro o más veces a cambiar neumáticos.Lo hizo Shumy en un GP de Francia, por ejemplo, pero con los cinco stints a tope, a ritmo de calificación. Ahora hacen cinco stints a un 70% de su ritmo posible. Además, el precipicio en la caída de rendimiento no tiene una predicción evidente y ves, y oyes, a los pilotos como acongojados ante la impredecible hecatombe de la caída de tiempos. Ahora, importa mucho la estrategia, el acertar con el ritmo, la labor de los cerebritos que están tras los ordenadores: el piloto gestiona al volante una estrategia y.... pilota lejos de su límite.

Con neumático nuevo las diferencias son brutales respecto al que va delante con usados, y te lo comes en frenada o aceleración; se hace difícil interpretar la carrera y si el ritmo relativo entre pilotos corresponde a una diferencia real o está mediatizada por el distinto desgaste (usura como dice el inefable Gené en TV); tanto es así, que hasta la aplicación oficial F1 2013 para el iPad, este año da la  información de las  vueltas que lleva encima el juego de neumáticos en uso. 

Además, contra un perseguidor con DRS activado ya no merece la pena defenderse: si lo haces, los Torquemada de turno que velan por  la pureza de un pseudocompetición, políticamente correcta, pero lejos de la épica de antaño,  te sacan tarjeta amarilla o roja y ya te han derrotado.

Es patético que un accesorio tenga más importancia que el coche y que el piloto. El piloto había ido perdiendo importancia desde hace años, desde que la electrónica, y la aerodinámica marcan la competición, en nefasta alianza con la escasa potencia en relación con la adherencia. Ya no se dosifica gas en las curvas, el acelerador parece que solo tiene dos posiciones: on  y off.

Ahora hay una nueva figura, la del piloto gestor, gestor de desgaste de neumáticos y capaz de interpretar en la carrera las estimaciones de ritmo de su equipo de calculistas, situados tras las pantallas de potentes ordenadores que imponen la dictadura del ritmo adecuado.

En esta F1 no tendrían cabida antigestores natos como Gilles, Peterson, Ayrton y eso es muy fuerte.

Lo siento, pero a mi esta F1 ya no me gusta, por mucho que se intente vender que es más divertida e impredecible. La FIA lleva tiempo queriendo cargarse la iniciativa, la libertad, la competición y el espíritu innovador que ha caracterizado la F1 y quiere reglamentar todo, incluso lo más nimio de la técnica y las conductas, castrando cualquier avance que diferencie al más espabilado. Es muy falso lo que acontece, no vemos qué conjunto coche-piloto es más rápido, sino el conjunto que se acopla mejor a los neumáticos de mantequilla de este año. Y todo ello, con unos coches faltos de potencia para la adherencia disponible, lo que tampoco permite diferenciar pilotaje.  

Tras la tregua, por climatología y tipo de circuito, en Mónaco y Montreal, es previsible que con carreras con calor de este verano y circuitos de curvas de alta velocidad en apoyo, como Silverstone, volvamos a ver la exagerada influencia del accesorio italiano en el devenir de las carreras.

Yo lo único que puedo hacer es no poner jamás un Mierdelli en mis coches.

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